Extrañaba este espacio. Extrañaba su diminuta presencia, su fantasía, su vanidad a veces, pero también su estar ahí, cierto y callado lugar donde poder expresar mis asombros, amores o dolorimientos. Extrañaba creer que hay alguien ahí, detrás o adentro de la pantalla y que de vez en cuando presta ojos y oídos a mis palabras. Lo cierto es que acá estoy, de vuelta al vamos y con el deseo ferviente de seguir hasta que las palabras se me acaben o la fantasía me abandone.
No es casual este regreso: tengo entre mis manos Abrir el día II y aún me siento sorprendida de encontrarlo así de entero, total, lo que se dice en cuerpo y alma. Sobre todo, en cuerpo. Porque ya sabíamos que un libro es un cuerpo –así figura en alguna de sus notas–.
Con lo del alma, pregunto al lector cómo él la percibe, pregunta de rigor en otros ámbitos. Para mí, confieso, supone liberarla en la forma de brevísimos textos y apuntes escritos semanalmente en este mismo espacio durante dos años hasta el presente.
El nacimiento de mi libro se ha prolongado mucho más de lo que esperaba, pero finalmente sí, acá lo tengo. Entre mis manos. Está bueno, en serio.
Ojalá llegue a otras.