Febrero otra vez

Las efemérides nunca han sido mi fuerte. Es más, me alejo de ellas como si se tratara de algún pretérito mandato, pero hoy, aquí, dedicada a ignorar que estamos en febrero, que los días se acortan y las noches se estiran como chicle, me rindo ante la evidencia: hay pancitos de felicidad en las alacenas y van y vuelven la alegría y el canto; los pajarillos pían y febrero se convierte en la quintaesencia de la calabaza y su milagro: caballo blanco, carroza a la vista. Coloco mi careta, el traje, voy al baile.

Digo: ¿recordar carnavales? ¿Continuar directo a marzo, asegurarme la distancia? ¿Obviar, obviarme?

Y todo a cuenta de estos días, tan febrero, tan.

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