Descripción

Es la imagen de una cabeza, pero hay algo torcido en ella. El tiempo la ha movido de su lugar y las agujas, lastiman su memoria y sólo terminan haciendo ruido. Como algo roto, con cicatrices de pasta de plástico que ningún arte japonés podrá nunca embellecer.
Está hueca, descerebrada. La sostiene un viejo mueble donde yacen escritos de otros siglos y por encima de ella, el reloj de péndulo.
Hay algo, algo, en la imagen de esa fotografía que pareciera asumir el vaivén del tiempo y si hoy olvida, mañana recuerda; si hoy así, mañana quién sabe. Las agujas definen el espacio entre una espera y su encuentro, entre el amor y su opuesto. Todo finito, delgada línea, dicen.
De la herida, sólo agrego que hubo hojas y flores allí donde ahora crece el vacío. En cuanto al mueble, no más que un lugar donde las cosas eran y el mundo todavía se mostraba posible.
Sospecho que alguna campanada se escapó de la caja y el péndulo ha instalado en mi oído esta historia imperfecta, la de la foto.

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