Ya está. Acaba de salir y estoy en duda si ‘abrir’ este espacio de nuevo o mantenerme en año sabático por lo menos, hasta presentar el libro en sociedad, que ya es toda una tarea.
Tendría que suceder en pocos días más, pienso, porque agosto es un mes de difícil travesía para mí: una primavera que no termina de llegar; vientos alicios y contraalicios hoy y mañana también; alergias varias que ya se sabe, en fin.
Digo ‘luego me ocupo’ pero la modorra invernal aún me asiste. Es fuerte. Además, salimos de una tremenda ola polar, causal de apego desmesurado a las frazadas del ‘para qué’ hacerlo.
Pregunto: ¿para qué presentar un libro? Es más: para qué publicarlo. Me digo que es para seguir escribiendo, pero cualquiera sabe que es para seguir viviendo. Dice A. Bazterrica: Si no escribo, me muero. No es una metáfora, es literal. Y bueno… sí. Algo de eso hay.
¿Y si en septiembre? ¿Y si on line? ¿Y si no lo presentara? Dos cajas llenas de ejemplares, me miran.
Yo, por fin, escribo.